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Slow fashion – cambiando los valores del consumidor y su impacto en el futuro de la moda

Actualmente, los problemas medioambientales son el foco de atención de los medios. Especialmente, son los jóvenes quienes están abordando el problema. Entre otras cosas, el movimiento “Fridays for Future” empezó en el 2018, pero se expandió rápidamente globalmente y ahora está representado en más de 7.500 ciudades en todos los continentes. Con el objetivo de combatir el cambio climático, los jóvenes se ven como la generación dispuesta a lograrlo.




Ya sea en el mercado petrolero o en las granjas industriales, todas las industrias importantes están diseñadas para producir cada vez más rápido y con el fin de generar el mayor beneficio posible. El sector textil no es una excepción. Siendo la segunda industria que más contamina en el mundo, el consumo excesivo de moda contribuye de manera significante al cambio climático provocado por las personas. Puesto que el consumo sigue aumentando, la industria de la moda se enfrenta a un futuro en el que las catástrofes medioambientales también pueden seguir en aumento. Sin embargo, el comportamiento de los consumidores parece estar cambiando, como se puede observar en el aumento de movimientos medioambientales. Pero, ¿qué impacto tiene la conciencia medioambiental de los consumidores en la industria de la moda? Para ofrecer una descripción general sobre el tema, analizaremos las siguientes preguntas: ¿Existe un aumento en la conciencia ambiental? ¿Qué impacto tendrá esto en el futuro desarrollo de nuestros queridos artículos de moda?



Como el grupo de compradores más incisivo del futuro, los jóvenes están cada vez más interesados en el medio ambiente y los estándares sociales.Según un estudio de la consultora de gestión OC&C, se aprecia una actitud positiva hacia la sostenibilidad. Por ello, los criterios más importantes hoy en día a la hora de consumir son: el bienestar, la producción sostenible, la igualdad y los derechos humanos. Además, una encuesta en la que participaron 2.000 personas mostró que, entre el año 2017 y 2019, la conciencia ambiental de los jóvenes entre 14 y 23 años creció de manera más significativa que en cualquier otro grupo de edad. Por lo tanto, se puede decir que la conciencia ambiental está de moda, ahora más que nunca. Sin embargo (y esto es importante para comprender el problema), existe una gran diferencia entre la conciencia ambiental y el comportamiento. Por ejemplo, el investigador Udo Kuckartz observó que las actitudes positivas del consumidor no van de la mano con su comportamiento real. En los últimos años ha habido un claro cambio de mentalidad, pero sólo un pequeño porcentaje de la población está realmente reconsiderando comprar, (…) mientras que la mayoría todavía se resiste a cambiar sus hábitos de compra. Las palabras de Laura Fernández, emprendedora de upcycling, muestran que aunque la conciencia está cambiando, es difícil lograr un comportamiento adaptado del consumidor con respecto a la ropa.



A pesar de la demanda intensiva de tomar acciones ecológicas y sociales, y del gran compromiso con la política ambiental; los jóvenes siguen siendo contradictorios en cuanto a su comportamiento de consumo personal. Por lo tanto, la creciente conciencia ambiental, la cual no está aumentando tanto en ninguna otra generación, aún no se expresa en el comportamiento de os jóvenes. Pero incluso los pequeños cambios en la mentalidad de billones de personas, como por ejemplo la mayor comprensión de los problemas medioambientales, ya tienen un gran impacto en la industria de la moda. Los consumidores están empezando a cuestionar las cosas. Y, debido a sus decisiones de compra, un consumidor crítico tiene el poder de hacer que las empresas recapaciten. Entonces, ¿cómo influirá esto en el futuro de la industria textil?



Para responder al debate crítico y al cambio en la demanda de los consumidores, la conciencia de la industria de la moda está cambiando. Ahora más que nuca, la tendencia del fast fashion se opone a los ideales de las empresas. Durante los últimos años, diseñadores y productores han ido recopilando cada vez más soluciones sobre cómo minimizar, o incluso prevenir, el impacto negativo de la industria textil en el medio ambiente. Los jóvenes diseñadores se están centrando en el upcycling, y las empresas emergentes están contribuyendo a encontrar resultados que formen la base de un comportamiento del consumidor más responsable y desacelerado. La moda responsable y desacelerada se define como slow fashion. El deseo existente de proteger el medioambiente y el cuestionamiento constructivo del propio hábito de consumo, se están estableciendo cada vez más. Por lo tanto, el slow fashion también se está dando a conocer cada vez más. Ahora la moda no se está consumiendo menos, pero sí se está consumiendo de manera diferente. Los conocimientos se están extendiendo y los textiles ya no se consideran artículos desechables, ya que se intenta que circulen durante más tiempo.



Debido al cambio en los valores y actitudes, la industria de la moda se ha puesto en movimiento. Ya existen muchos enfoques que pueden ayudar a desarrollar la industria textil hacia un modelo más sostenible y justo. Por ejemplo, la joven emprendedora Laura Fernández demuestra con Deleitewear que el futuro de la moda depende de incorporar prácticas más sostenibles. El upcycling nos acompañará en el futuro, ya que sólo tenemos un planeta y los recursos son limitados. El crecimiento de la conciencia ambiental está teniendo un efecto cada vez más positivo en la industria de la moda. La estructura de la industria está empezando a cambiar de manera significativa. Pero aún no es suficiente. Ahora está en nuestras manos, como consumidores, el seguir apoyando este cambio. El vestir moda de start-ups jóvenes y sostenibles, como Deleitewear, con el fin de proteger nuestro medio ambiente y contrarrestar el cambio climático. Por nuestro futuro. Por nuestro planeta. Porque no hay un planeta B.


Sara-Mae Reif

Marketing & Communication

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